Trabajadores despedidos siguieron a los empresarios por el centro de Río Gallegos entre reclamos y lágrimas. Una empleada aseguró que hay familias sin dinero para el alquiler ni la comida.

El cierre de Autoforma tuvo este viernes una de sus escenas más tensas en pleno centro de Río Gallegos. Trabajadores recientemente despedidos encontraron a Daniel y Rubén Llaneza y los siguieron durante varias cuadras mientras reclamaban explicaciones por el desenlace de la empresa.

La protesta estuvo atravesada por gritos, reproches y momentos de profundo dolor. Los empleados cuestionaron directamente a los propietarios del Grupo Llaneza por una crisis que terminó afectando a casi 200 puestos laborales entre Santa Cruz y Tierra del Fuego.

“Se cargaron una empresa con 190 familias”, fue uno de los reclamos que se escucharon durante la recorrida.

Pese a la tensión, el escrache se mantuvo en el plano verbal y no se registraron agresiones físicas.

“Estoy fundido”

En medio de los cuestionamientos, Daniel Llaneza respondió a los trabajadores y aseguró atravesar una crítica situación económica.

“Estoy fundido”, manifestó el empresario. También afirmó que siempre pagó los salarios y volvió a vincular las dificultades de la firma con una deuda que sostiene que mantiene OSEF.

“Estoy tratando de cobrarle a OSEF para pagarle a todos”, expresó frente a los empleados.

Sus explicaciones no lograron contener el malestar de quienes acababan de recibir la confirmación de que habían perdido sus fuentes laborales.

El llanto de una trabajadora

Uno de los momentos más sensibles ocurrió cuando una empleada con años de antigüedad se quebró frente a uno de los empresarios y relató las consecuencias que los últimos meses tuvieron sobre su familia.

Según contó, los propios trabajadores llegaron a aceptar ingresos de apenas $100 mil semanales con la expectativa de que la compañía pudiera recuperarse y ellos conservaran sus puestos.

“Les llegamos a pedir cien mil pesos semanales para poder darle de comer a nuestros hijos”, expresó.

La mujer aseguró que esa situación se extendió durante aproximadamente tres meses y que las dificultades económicas comenzaron a trasladarse directamente a las necesidades básicas de las familias.

“Nos quedamos sin alquiler y sin comida para nuestros hijos”, manifestó entre lágrimas.

Del conflicto empresarial al drama familiar

El cierre dejó así de ser solamente una discusión sobre las cuentas de Autofarma para exponer las consecuencias concretas sobre sus empleados.

Los testimonios conocidos durante el escrache muestran trabajadores que aseguran haber reducido sus ingresos durante meses mientras aguardaban una recuperación de la empresa y que ahora enfrentan la pérdida definitiva de sus puestos.

Por su parte, Daniel Llaneza sostiene que busca recuperar fondos que atribuye a una deuda de OSEF para hacer frente a las obligaciones pendientes.

Con posiciones enfrentadas y decenas de familias en medio de la incertidumbre, las escenas registradas este viernes en Río Gallegos expusieron públicamente la dimensión social que alcanzó la crisis de Autofarma.